El crimen organizado extiende sus tentáculos por todo el mundo. Las bandas criminales utilizan diversas estrategias para captar a nuevos miembros y ampliar sus espacios de poder. Uno de esos tentáculos es la religión, como lo retrató Pablo Zeballos en su nuevo libro Cuando el crimen reza, de la editorial Catalonia.
El pequeño pueblo de San Luca, en Calabria, Italia, es la cuna de la ’Ndrangheta, la mafia más poderosa del mundo que llega a generar 150 mil millones de dólares, gracias a una diversidad de negocios ilegales. Según Zeballos, quien se sumerge en el mundo del hampa, la religiosidad y el crimen organizado, la gran mayoría de sus miembros pertenecen a ella por lazos de sangre y son devotos de la Virgen de Polsi.
En Chile, la situación no es tan distinta. Desde hace años, la Virgen de Montserrat —conocida como la Cholita— es la patrona de las personas privadas de libertad. En el último tiempo han aparecido nuevas expresiones de fervor, como los narcomausoleos, donde se glorifica a narcotraficantes o “soldados” caídos en enfrentamientos.
Otro ejemplo de esta conexión entre lo religioso y lo delictual aparece en México, donde se fusionan la religión católica y creencias mayas, dando paso a la figura de la Santa Muerte.
Revisa la entrevista completa en Stock Disponible, por Vía X.



