Las monjas clarisas crearon el primer sistema de préstamo en Chile y se enfrentaron a los franciscanos.
En una nueva clase, Gonzalo Peralta y Freddy Stock, revisaron la historia de las primeras monjas que llegaron a Chile y del poder que alcanzaron.
El primer convento se instaló en la ciudad de Osorno en 1570, pero fue destruido tras el desastre de Curalaba, en 1598. Después de una larga travesía, las monjas de ese convento lograron llegar a Santiago y construyeron un nuevo edificio en el sector de La Cañada, donde actualmente se encuentra la Biblioteca Nacional.
Este convento comenzó a recibir cuantiosas donaciones y herencias, por lo que aumentó su poder económico e influencia en la sociedad capitalina. Su poderío fue tal que se convirtieron en las primeras prestamistas de Santiago y mantuvieron disputas abiertas con los franciscanos, quienes quisieron subordinarlas sin éxito.
La monja más destacada de esta congregación fue Úrsula Suárez, quien ingresó a los 12 años al segundo convento que construyeron, en la Plaza de Armas. Suárez se destacó por su personalidad y por el aprecio que despertaba en sus compañeras. Esto, sin embargo, le trajo problemas: su confesor la obligó a escribir sus memorias para la expiación de sus supuestos pecados.
Gracias a sus escritos, descubiertos en 1980, hoy conocemos aspectos fundamentales de la vida de la ciudad en el siglo XVII, así como detalles de su propia existencia.



